viernes, 30 de enero de 2009

Muerte.

R34, primera entrada.

Muerte, muerte y muerte. Respiro y huele a muerte. Veo muerte en la profesora. Aquella pareja de adolescentes espera a la muerte. Aquella embarazada representa la doble muerte. Aquel transexual embarazado, también.

Está en todas partes, en todos lados. La muerte no es blanca ni negra, no es buena ni mala. Es muerte. Está en el aire, está en la luz. Pensamos en ella, la vemos, la sufrimos, la sufren. Murió, muere, morirá. Ha estado presente durante toda la historia, la muerte. Está presente en nuestra vida, acaba con ella, la "vulgar" muerte. Y lo estará en los que perduren, los siguientes, morirán.

Es perfecta. Invencible. Mortal. El mayor depredador, el único. No importa quién seas. Cómo seas. Lo que hayas sido. Usa con todos el mismo guante. Nadie es mejor frente a la muerte, nadie es peor. Somos sus vasallos. Sus títeres. Y no la judgo, ni la critico. Realmente es una de las pocas cosas justas de esta vida, que acaba con la misma. No importa que hayas sido un violador, el fundador de una ONG o un presidente negro. Morirás. Como todos. No existe Dios. Existe la muerte. Nadie nos da vida, simplemente ella nos la quita. Nos morimos, os morís.

Cuántos políticos, cuántos filósofos, cuanto sabio quisiese tener la fría lógica de la muerte. No entiende de experiencia. No las necesita. No tiene motivos, para qué. Postrados a sus pies, fríos y mortales, alargamos nuestro letargo hasta que ella decide que ya es suficiente. Que ya es suficiente, significa que has muerto, no que vas a morir. No hay destino, hay muerte.