El hombre y sus actos. ¿La naturaleza nos hizo crueles?
Por J.Krabiel
Hay muchas formas de definir al ser humano y una de las más usadas en el último siglo ha sido “Cruel”. Hoy día existe la afirmación de que el hombre es un ser de naturaleza maligna y solo busca la destrucción de sus congéneres y no tan cercanos. En una carrera de “todo vale” debemos pisotearnos los unos a los otros para demostrar que tenemos derecho a algo en esta vida.
En contraposición, se exponen teorías que afirman que el ser humano es inherentemente benigno, o lo que es lo mismo “por naturaleza es bueno”. Esta teoría, defendida por el anarquismo utópico, era necesaria para que algo como los ideales que se defendían tuvieran sentido. Con una humanidad maligna, la utopía es imposible.
Creo, sin temor a equivocarme, que la naturaleza lo que nos hizo fue “emocionales”.
Mi afirmación, por supuesto, puede ser contradicha con esta otra: “los animales, en su gran mayoría, sino todos, sienten emociones”. Siendo esto verdad, pues son seres sensitivos y capaces de sentir temor y miedo hacia algo, y en algunas especies desarrollas emociones complejas como el cariño (y por lo tanto también desprecio) nos encontramos pues, con que no seríamos los únicos emocionales.
Pero ¡Ah! Valga decirlo, los animales no rigen su vida por las emociones, la rigen por el instinto. El ser humano rige su vida por sensaciones, emociones y sentimientos. Aunque fardemos de ser “el único animal racional” ello es ridículo, si fuésemos racionales las cosas serían muy distintas.
La cuestión es: ¿Guiarse por los sentimientos y las emociones, es bueno o malo?
Todos conocemos la vieja cantinela. La pasión, la lujuria, el lado oscuro, la bestia… todo ello señalado como la fuente del mal dentro del ser humano, como el pequeño diablillo cabroncete que nos anima a cometer actos malvados.
Yo aún no he oído ninguna voz dentro de mi cabeza, para mi suerte o desgracia, pero supongo que el miedo “social” que siempre ha habido hacia esta faceta del ser humano es por algo básico: los sentimientos nos llevan a las emociones, las emociones nos llevan al instinto, el instinto a lo primario y salvaje.
Si una persona es “primaria y salvaje” es indomable, se convierte en silvestre (como las fresas). Una persona indomable no puede ser moldeada, dominada, subyugada.
Se explotó una emoción para suprimir otras emociones. El miedo al “castigo” se convirtió en razón suficiente para no sentir otras cosas. Estábamos dando rienda suelta a nuestras emociones a la par que las reprimíamos. Después a alguien le parece raro que la sociedad actual esté sumida en la confusión.
¿Aquí está la clave de la cuestión? Por supuesto que no.
Sabiendo pues que nos nutrimos psicológicamente de emociones y sentimientos cabe darse cuenta que el ser humano siempre se verá empujado por algo que le es difícil controlar. El perfeccionamiento. Al igual que la propia naturaleza hace evolucionar las cosas, el ser humano espera lo mismo en todo lo que le rodea.
La perfección es, a vistas de hoy, imposible, pero la carrera continúa. Deseosos de mejorar, de innovar, de volverlo todo más profundo, más intenso, muchísimo más emocional, se creó el arte. La crueldad es el súmmum del arte de dañar a otros seres, si se me permite usar la palabra.
La crueldad es el resultado, no el desencadenante. Era difícil que no apareciese, pues el ser humano, la propia evolución, tiende a la perversidad de las cosas.
¿Si el ser humano se guiase por la razón y la lógica nos encontraríamos con la inexistencia de cosas como la crueldad? En realidad, no.
Día tras día se llevan a cabo experimentos con animales vivos, una práctica llamada vivisección. Los científicos que lo llevan a cabo se rigen a rajatabla por principios científicos, lógicos y racionales, con la premisa de que “el fin justifica los medios”. Estos experimentos podrían ser tachados de crueles, despiadados e insensibles. Y he ahí la palabra que quería que leyeseis, insensibles.
La razón y la lógica no entienden de sensiblerías. Dicho así, si solo nos rigiéramos por ello, daríamos más importancia a los resultados y no a lo que a muchos les parece realmente valioso, las personas o la vida.
Sólo hay otra razón por la cual una persona actúe de manera cruel contra otras personas. Si se diera el caso de que obtiene placer con ello, estaríamos hablando de una perversidad que ha alcanzado la cota de “enfermedad mental”. Un enfermo mental no puede simbolizar a la humanidad, son sujetos particulares con una grave crisis emocional y de personalidad en la gran mayoría de casos.
Habiendo dicho esto nos damos cuenta que solo la lógica y la razón sin sentimientos y la enajenación mental pueden llevarnos a actos crueles. Dicho de otra manera, solo los extremismos.
Unos extremos nunca representarán a toda la línea que es la humanidad. Nunca.
Por lo tanto, ya podéis dormir tranquilos. Vuestros vecinos no son asesinos despiadados en potencia.
J.Krabiel
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